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LA BANDERA

SEMBLANZA, RECUERDO Y LOA DE PIERRE MAC ORLAN
La bandera es un clásico de la literatura de tema bélico,es también la gran novela de la Legión. Construida sobre su leyenda, sobre la visión mítica de la abnegación y las hazañas de unas tropas de elite que deslumbraron a algunos de los grupos mas selectos de la intelectualidad europea en una época que conocía la amargura de la crisis económica, y el descalabro ante toda clase de ideales.
Pierre Mac Orlan es un escritor poco conocido en España. Creo que el primer libro suyo que apareció entre nosotros fue El canto de la tripulación, magníficamente traducido al castellano por Julio Gómez de la Serna. Sin duda es este periplo marinero, henchido de ternura, de poesía y, naturalmente tratándose de Pierre Mac Orlan, de peripecia humana, de drama y de dolor, una de sus mejores y más conseguidas novelas. Mac Orlan fue un escritor pródigo en esfuerzos literarios. Novelas suyas que causaron en su tiempo hondo impacto fueron Sirnone de Montmartre, Barrio prohibido, A bordo del «Estrella matutina», La Venus internacional, El nuwelle de las brumas, Margarita de la noche, Dina Miami, Calles secretas, La primavera y tantas otras que todavía siguen reeditándose en Francia para solaz y deleite de su público adicto.
El cine, que tantas veces se acercó a la obra de Pierre Mac Orlan, hizo popular entre nosotros una de sus novelas más celebradas, La Bandera, argumento patético y emocionante que se desarrolla en el mundo aventurero y apasionado de nuestra Legión Extranjera. Pierre Mac Orlan, a quien gustaban los soles de Marruecos, nos da aquí una cumplida muestra de su talento de narrador. Pierre Gilieth, su personaje central hasta las penúltimas páginas, es un verdadero arquetipo orlaniano. Gilieth busca la aventura para huir de su pasado, que es tanto como decir que de sí mismo. Fernando Lucas, o Juan Moratín, que tanto monta, personaje acaparador de las últimas páginas de La Bandera, es otro ejemplo de la constante novelística de Mac Orlan. Contradictorio v caótico, Fernando Lucas es el puro delirio desconcertante. Alrededor de ambos personajes se mueve, goza y padece, vive y muere, todo un mundo abigarrado, centelleante, multicolor, pintoresco, a veces alegre y risueño, en ocasiones amargo y hondamente dramático.
Maestro en el arte de describir ambientes, atmósferas densas y sobrecogedoras, Pierre Mac Orlan nos traslada certeramente a los senderos perdidos del antiguo Marruecos español. El lector alcanza de esta forma todo su viejo colorismo. Y cuando el autor dice que nieva, quien lee siente frío en el alma y en el corazón.
Los que recuerden secuencias de la película filmada sobre este relato apasionante — película que todavía recorre hoy el mundo de Internet, como muestra de bien hacer —, recordará sin duda el dramático verismo de aquellas imágenes que recogen la historia protagonizada por Jean Gabin y Anabella. Se dijo entonces que el gran mérito de Julián Duvivier fue saber captar de forma magistral aquellos ambientes africanos, o barceloneses y madrileños, del principio y del final de la novela. Creo que más exactamente había que decir que el mayor acierto del realizador fue el seguir con fidelidad, al pie de la letra, el relato hondo y dramático de ese gran poeta de la Aventura que fue Pierre Mac Orlan.
Directa, desprovista de todo artificio, sin caer para nada ni en ningún momento en la peligrosa españolada, La Bandera es toda una gran novela, escrita en 1931.

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